ENIGMAS Y MISTERIOS DEL ANTIGUO EGIPTO

 
Por MARCOS LEWIN
 
Imaginen científicos marcianos aterrizando en la tierra y tomando interés en el fútbol. A través de los años habrán de acumular una cantidad de información acerca del tema.
Sin embargo, si los juegos fueran desconocidos en Marte, serían vistos como sin sentido, como un curioso rito religioso, realizado por seres supersticiosos con actitudes emocionales incomprensibles.
Mas si por algún rapto de genio alguno de los marcianos llegara a adquirir alguna comprensión de la naturaleza del juego, toda esa información incomprensible comenzaría a adquirir sentido.
La Egiptología tiene una gran analogía con esto. Por cerca de dos centurias los eruditos han acumulado información, traducido textos, excavando y restaurando ruinas y debatiendo acerca de sus descubrimientos. Se ha desarrollado un consenso académico por el cual los antiguos egipcios son presentados al público como una raza de primitivos poseedores de cierta tecnología, aunque faltos de una verdadera ciencia o matemática, que rendían culto a una mezcla de extraterrestres, dioses con cabeza de animal, obsesionados con la muerte y con complejos y elaborados ritos funerarios, aunque capaz de producir las más increíbles piezas maestras de arte y arquitectura en el planeta.
Toda persona con cierta inteligencia reconocerá esto como una gran paradoja. Todo arte sofisticado implica un pensamiento sofisticado. Esta paradoja es también percibida, pero raramente formulada, por los comunes viajeros de Egipto, maravillados por los templos, mas cansados e irritados por las explicaciones que pretenden dar cuenta de todo.
Desafortunadamente, los académicos raramente son creativos, presentándose al público ignorante esta visión paradójica como si fuera un hecho establecido. Este es el poder que ejerce cierto tipo de adoctrinamiento: pocos se atreven a desafiar al dogma, especialmente cuando viene investido de un halo de erudición y ciencia.
Esta visión de Egipto nunca fué unánime. Un número de estudiosos ha sentido siempre que debía haber algo erróneo en tales interpretaciones, que la magnitud y perfección de las obras implica un profundo y oculto conocimiento.
A lo largo de los tiempos ha habido numerosos intentos para su desciframiento, muchos de ellos erróneos y extraviados. La Grán Pirámide de Keops, por ej., fué descripta alternativamente como un instrumento directamente inspirado por Dios, como una bomba hidráulica gigante o como un hito para el despegue y aterrizaje de naves extraterrestres.
Los egiptólogos académicos ejercen una particular labor: todo aquello que no conforma a la visión ortodoxa de Egipto como un pueblo de primitivos supersticiosos queda sistemáticamente desestimado. Aún cuando algunas teorías alternativas son absurdas no significa que todas lo son.
En 1957, después de casi dos décadas de trabajo en Egipto, principalmente en Luxor, el matemático, filósofo y orientalista R. A. Schwaller de Lubicz publicó El Templo del Hombre. Este exhaustivo y documentado trabajo ha dado a luz una nueva visión de Egipto.
A través de la llamada interpretación Simbolista el arte y la arquitectura de Egipto revelan todos sus prodigios, como expresión de la llamada por Schwaller "Ciencia Sagrada", el conocimiento y el despliegue conciente de los principios cósmicos.
La noción de Ciencia Sagrada es ajena al pensamiento de nuestro siglo. No hay nada que hayamos aprendido en la escuela que sugiera dicha posibilidad y no es fácil deshacer el virtual lavado de cerebro al que hemos estado sujeto bajo el nombre de educación. Aún así es posible distinguir entre lo que se puede denominar ciencia sagrada de lo que no es, formulándonos la perenne y filosófica pregunta con respecto a si toda la creación o más precisamente la formación del universo tiene un propósito y si la humanidad es parte de ese propósito.
El Antiguo Egipto (y otras culturas antiguas tradicionales) han contestado a la pregunta con una rotunda afirmación. Egipto afirmaba que la humanidad había sido desenvuelta por los poderes divinos y que su propósito era - según palabras de Schwaller - el retorno a la Fuente. La Ciencia Sagrada es el cuerpo sistemático de conocimiento que trata de dichos poderes formativos y sus interacciones. 
 
La Sabiduría Egipcia
 Se reconoce actualmente que los Egipcios, entre todos los pueblos antiguos, fueron los más versados en las Ocultas Ciencias de la Naturaleza. Los más sabios filósofos de otras naciones visitaron Egipto para ser iniciados en los sagrados  Misterios por los sacerdotes de Tebas, Memfis y Hermópolis. Tales, Solón, Pitágoras y Platón viajaron de Grecia al delta del Nilo en la búsqueda del conocimiento. Al retornar a sus propios países, estos hombres iluminados reconocieron a los Egipcios como a los más sabios de los mortales y a los templos Egipcios como los repositorios de las más sublimes doctrinas concernientes a la historia de los Dioses y a la regeneración de los hombres.
Solón, el más grande legislador ateniense y uno de los pensadores más notables entre los Griegos, estudió filosofía en Egipto con Psenophis de Heliópolis y con Sonches de Sais, dos de los más versados sacerdotes. De ellos, según afirma Platón, Solón recibió el conocimiento de la lengua Atlante que luego comenzaría a explicar en verso. En cierta ocasión Solón cuestionó a sus maestros egipcios en asuntos relacionados a la antigüedad de los imperios. Entonces, el más anciano de los sacerdotes le replicó : “Solón, Solón, vosotros los Griegos sois siempre unos niños, no hay ningún Griego que sea un hombre anciano”. De aquí podemos inferir que si los Egipcios tenían conocimiento de los antiquísimos misterios de la Atlántida, como habrían de ignorar los orígenes de su propio imperio y de su teología y filosofía.
 Platón viajó a Egipto, estableciéndose en Sais, donde los hombres sabios le enseñaron respecto al universo, su origen y su desarrollo hasta el presente. De Pausanias sabemos también, que fué de los Egipcios que Platón aprendió con respecto al misterio de la inmortalidad del alma humana.
 Demócrito pasó buena parte de su vida en Egipto y de allí tomaría los fundamentos para su celebrada doctrina de los átomos.
 Pitágoras siendo muy joven estudió con Tales de Mileto, según afirma Jámblico. Tales, que en esos tiempos ya era de edad avanzada, se lamentaba de su incompleto conocimiento de las doctrinas sagradas y urgió a Pitágoras a visitar Egipto, la tierra de la sabiduría. Talés confesó que su propia reputación de sabio se debía a la instrucción recibida de sus sacerdotes; reconociendo que él mismo no tenía la excelente predisposición que naturalmente encontraba en la persona de Pitágoras, augurándole que se convertiría en el más sabio y divino de los hombres si estudiaba con los sacerdotes Egipcios. Jámblico describe luego el viaje de Pitágoras a Egipto, como fué iniciado en los misterios de varias naciones a lo largo de su ruta, siendo recibido por los sacerdotes Egipcios con afecto y respeto, siendo admitido, después de un tiempo,en los secretos de sus órdenes. Allí estuvo durante veintidós años, aprendiendo astronomía y geometría, siendo luego iniciado en los misterios de los dioses. El como muchos otros iniciados en sus Misterios, retornó para ser uno de los fundadores de los grandes sistemas de conocimiento.
 
 La declinación de los Egipcios bajo los Ptolomeos tuvo como resultado la desaparición de los arcanos sagrados y la violación de los santuarios de los Dioses Herméticos. Los sacerdotes se retiraron al desierto y migraron a regiones más hospitalarias. En lugares distantes y desolados los viejos ritos florecieron nuevamente, y los Hierofantes siguieron ofreciendo sus juicios con los cuarenta rollos esparcidos frente a ellos en lo alto del altar.
 Hoy día se acepta que la Piedra Rosetta ha proporcionado la clave maestra del conocimiento secreto tan efectivamente escondido en los viejos jeroglíficos egipcios. Los egiptólogos llevan adelante la tarea de clasificación de los fragmentos literarios. Nada queda de la gloria del antiguo Egipto sino sus fabulosos monumentos, las innumerables inscripciones, su elaborado arte. Las inescrutables caras pétreas, que se alzan junto al Nilo desde hace miles de años no han dado una respuesta a los interrogantes de nuestra ciencia. Los labios de Kem están sellados con el polvo del tiempo.
 Un alfabeto no es un lenguaje, y si bien mucho se ha avanzado en el desciframiento de las viejas inscripciones, comprendemos todavía muy poco de su religión y filosofía. Dichas dificultades están expresadas en las palabras de un gran egiptólogo, P. Le Page Renouf: “La dificultad no se halla en la traducción literal del texto, sino en la comprensión del significado que se halla oculto dentro de los términos familiares”. Una gran parte de la literatura egipcia es críptica; su verdadero significado fué probablemente desconocido en el período Ptolomeico aún para los mismos egipcios. No debemos, por lo tanto, ser demasiado confidentes respecto de la exactitud de las traducciones, considerando que debajo de la superficie que nosotros hemos iluminado con el débil rayo de nuestro conocimiento, hay una oscuridad mucho más profunda que la de las noches egipcias. Sin embargo, se ha acumulado suficiente evidencia como para aportar una explicación metafísica a los mitos egipcios. Alphonse Mariette dice al respecto: “para el iniciado del santuario, sin duda, estaba reservado el conocimiento de Dios en lo abstracto, el Dios oculto en las inescrutables profundidades de su propia esencia. Mientras que para la menos refinada adoración del pueblo eran presentadas las innumerables imágenes de las deidades esculpidas en las paredes de los templos”.
En la estatua de un gran sacerdote, encontrada en Memfis, se lee la siguiente inscripción: “El conocía las disposiciones de la tierra y del cielo; no había nada oculto para el; el adoraba a Dios y lo glorificaba en sus designios; el cubría con un velo el lado de todos a los que había visto”. Expresiones como estas tienen su significado; ellas nos confirman que los egipcios estaban al cuidado de sus tradiciones esotéricas. Al respecto, Orígenes nos da su testimonio: “Los filósofos egipcios tienen nociones sublimes con respecto a la naturaleza divina, que ellos mantienen en secreto, y nunca las revelan al pueblo sino bajo un velo de fábulas y alegorías”.
 
La Magia Egipcia  y el Ciclo Osiriano
 Isis fué la patrona de las artes mágicas. El uso dado a dicha magia se revela, entre otros, en el  Ciclo Osiriano donde Isis aplica el más potente de sus encantos e invocaciones para lograr la resurrección de Osiris, bajo otras palabras, la redención del alma humana.
 Osiris, el negro dios del Nilo, debe ser considerado como la personificación de un orden de enseñanza, que Plutarco identifica con la doctrina sagrada, o la tradición de los Misterios. Así como Thot personifica la esfera total de conocimiento y es a través de su ayuda que Osiris vino a la existencia, así Osiris representa el secreto y la sabiduría sagrada reservada para los versados en los antiguos ritos. El representa el conocimiento primordial, la ultérrima realización de la Verdad. El significa la unión con el Absoluto que es el fin de toda iluminación, y por su vida, muerte y resurrección, reveló los medios por los cuales el hombre puede alcanzar tal fin. Así Osiris se convierte en un símbolo dual, siendo en primera instancia la sabiduría esotérica misma, y en segundo lugar, la orden de Iniciados a través de la cual la tradición ha sido perpetuada. La personalidad misma de Osiris tipifica la institución erigida por los antiguos para perpetuar las inmortales verdades del alma. La cabeza viviente fué coronada con las plumas de la sabiduría y el poder, las manos llevaban los cetros de los tres mundos, mas el cuerpo estaba envuelto con las vendas de momia de la muerte. Aquí encontramos el espíritu, la cabeza viviente, unida incongruentemente a la materia, el cuerpo momificado. El alma fué aprisionada en las estrechas ataduras de carne. Una cosa es cierta: Osiris representa la Doctrina Secreta anterior al tiempo  en que la Palabra primordial fué perdida.
 Osiris es el primero de los hijos de Nut; los cinco hijos de Nut son los cinco continentes que han aparecido sobre la tierra y las cinco razas que los poblaron. Osiris es la primitiva revelación de la primera raza, mientras que Isis nació en el cuarto día, lo cual nos da evidencias que esta tradición habría llegado a Egipto a través de los misterios de origen atlante, de los cuales Isis es su símbolo.
 Del reino de Osiris nos llega el siguiente mito: hubo un tiempo, la Edad de Oro, cuando la verdad y la sabiduría reinaban en la tierra, y en que una aristocracia del saber conducía a los hombres hacia un estado superior del ser. Esta fué la dinastía divina de los mitológicos sacerdotes-reyes que gobernaron la humanidad con virtudes no solo temporales sino con además con atributos divinos. A través de dichos sacerdotes, Osiris, representante de la tradición oculta, presidió sobre el mundo entero.
 Si entendemos a Osiris como el polo positivo de la vida universal, entonces Isis representa el polo receptivo de dicha actividad. Así en Egipto la institución de los Misterios fué la gran Madre, el puente con el cielo mismo. Isis también representa la orden temporal del sacerdocio, el cuerpo de Iniciados. Ella es personificada como el templo; ella es la madre de todo bien, la protectora de todo derecho, la señora de todo avance. Ella asegura nobleza, inspira virtud y despierta las más nobles pasiones del alma. Como Diana de Efeso ella es la gran madre que nutre a todas las criaturas de sí misma. Como la Luna ella brilla solo con la luz del soberano Sol.
 Typhon es la personificación de toda perversidad. El es la creación negativa, así como el Ahrimán del Zoroastrismo. El es la magia negra y la brujería, la Hermandad Negra. Nephtis, su esposa, es la institución a través de la cual se manifiesta. Typhon llevó a Osiris al arca de la destrucción cuando el sol entra en el signo del escorpión, así lo conocemos como el eterno contendiente, aquél que deshace todas las buenas cosas y presagia la ruina. El es el poder del universo físico que constantemente busca la destrucción de los valores espirituales guardados en su substancia. El golpea en el mes octavo, y ahora se supone que un bebé nacido en el octavo mes no puede vivir debido a la maldición de Typhon. Osiris al haber nacido en el séptimo mes se dice que es previo a la regencia de Typhon. En los ritos iniciatorios el es el que somete a pruebas, “el señor que está en contra nuestra”. Typhon, la reina de Etiopía y los 72 conspiradores representan los poderes destructivos, los asesinos del Maestro Constructor. Ellos son la ignorancia, la superstición y el temor.
 El advenimiento de la codicia y la perversión marcaron el fin de la Edad Dorada-la Era de Osiris- y cuando el buén príncipe Osiris, la verdad profunda, retornó a sus propias tierras, se convirtió en la víctima de un oscuro complot. Sus asesinos huyeron del palacio llevándose el sarcófago y lo arrojaron a las aguas del Nilo, símbolo de los ideales, que llevan a los hombres por la senda de la virtud, que siendo obscurecidos, dan paso al error que entonces rige soberano. Typhon asciende al trono como regente del mundo, presidiendo sobre una humanidad deyecta. Con la verdad muerta, o por lo menos exiliada al mundo invisible, los hechos evidentes han sido reemplazados por opiniones, llevando a los hombres a combatir por ideas sin sentido y sin alma. Typhon rige hoy al mundo, teatro de las ambiciones desmedidas.
 Qué es de Isis, la madre de los Misterios? Aquella que está olvidada y desacralizada por los profanos, que sus sabios y profetas fueron forzados a partir al destierro para escapar a la persecución. La gloria de Egipto cesó con la muerte de Osiris. Los grandes templos todavía permanecen mas los dioses que lo iluminaban se han ido. Los santuarios fueron cayendo en ruinas y los custodios de las verdades se ocultaron en oscuros lugares de la tierra. Isis, como representación del conjunto de Iniciados, comenzó la gran búsqueda del secreto perdido, la búsqueda del cuerpo de su señor.
  Buscando en todas las partes de la tierra y a través de innúmeras edades, inspiró a hombres y mujeres, la congregación de los justos, para así redescubrir los arcanos y traerlos nuevamente con regocijo del mundo. Isis, por medios mágicos, logró la resurrección del dios muerto y uniéndose a él trajo nuevamente una orden de sacerdotes bajo el nombre colectivo de Horus, el halcón, el pájaro que todo lo vé.
 La ambición, personificada por Typhon, sabiendo que el poder temporal debe perecer si el poder divino es restablecido, puso en juego toda su potencia otra vez para dispersar la doctrina, esta vez tan efectivamente que nunca pudiera ser redescubierta. El cuerpo de Osiris, (la Doctina Secreta), fué dividido en catorce partes y esparcido por el mundo. Baco, entre los griegos, fué dividido en siete partes por los Titanes. En palabras de Faber, ambas historias son esencialmente la misma, y en una de sus variantes los viejos mitólogos añaden a los siete Titanes, los siete Cabiri.
 Nos dice el mito que todas las partes fueron recuperadas, salvo el miembro sexual de Osiris que fué devorado por un pez. Este es un símbolo de la energía vital y también de la Palabra Perdida, que no fué recuperada y la cual fué substituida por una réplica de oro. En los jeroglíficos egipcios el cuerpo físico, después de la partida del alma, es llamado kha y su jeroglífico es un pez.
 Isis, al modelar y reproducir el miembro faltante de Osiris, da al cuerpo del dios la apariencia de completura, mas el poder de vida ya no está presente. Isis ha logrado todo lo que se puede realizar por medio de la filosofía natural. Entonces queda nuevamente el recurso de la magia. El miembro de oro es vuelto a la vida por un secreto proceso rescatado del libro de Thot. Así el poder divino de Osiris es reestablecido a través del proceso de regeneración del hombre y el proceso de la iniciación. Así las instituciones iniciáticas son representadas por Isis, la madre de los misterios, de cuyo oscuro seno nacen los iniciados en el misterio del segundo ó filosófico nacimiento, convirtiéndose así en los hijos de Isis. Isis es la viuda, buscando la restauración de su señor.
 En los ritos egipcios Horus es el salvador-vengador, hijo de Isis, concebido por ritual mágico. El es el redentor póstumo. Cada iniciado es como Horus, un halcón del Sol, cada uno está dedicado a combatir el reino de Typhon. La gran batalla , en la que los hijos del halcón baten a las huestes de la oscuridad, es la misteriosa Armageddón de la Revelación, el Kurukshetra del Mahabarata, el Ragnarok de los Eddas.
 
 
Los orígenes atlantes de Egipto
 Platón en su diálogo Critias, llegado hasta nosotros incompleto, constituye una de las principales referencias con respecto a la Atlántida. Este libro junto a su diálogo Timeo, considerado como su libro más hermético, han dado lugar a cientos de escritos con referencia al fabuloso continente perdido, aunque muchos de ellos carentes de todo genio. Entre los pocos que han aportado investigaciones de valor puede mencionarse a Albert Slosman, matemático que participó en programas de la NASA, que de 1976 a 1980 publicó una serie de libros en los que menciona el hundimiento de la Atlántida y el éxodo de sus pueblos hacia colonias ya establecidas previamente ante la previsión del gran cataclismo que la afectó. Su investigación abarcó los templos egipcios de Dendera y Abydos. Fué como consecuencia de sus investigaciones que el Museo del Louvre colocó en lugar accesible el zodíaco de Dendera, pieza que estaba olvidada muchos años en un sótano. Esta pieza, de alrededor de 2,40 m y que tendría originalmente un peso de casi sesenta toneladas señalaría, según él, la fecha del cataclismo atlante ocurrido hace unos 12000 años en el 9792 a.C., causado por algo que cayó del espacio, produciendo enormes fosas y la activación de volcanes que llevarían al hundimiento del continente.
 
Las pirámides y  la Gran Pirámide
 Muchas veces se ha formulado la pregunta : para qué se construyeron las pirámides ?
Las respuestas van desde considerarlos monumentos funerarios, la teoría más difundida, hasta suponerlos como enormes graneros, observatorios astronómicos o lugares de ritos mágicos.
En ninguna de las grandes pirámides se han encontrado momias o restos que permitan afirmar la primera tesis, salvo aquella que apareció en la de Micerino, que se probó que había sido introducida posteriormente. Este hecho se atribuyó al saqueo sufrido por todas ellas que habría suprimido valiosa evidencia. Sin embargo, el descubrimiento de la pirámide de Sekhemkhet ha aportado contundentes pruebas en contra. Dicha pirámide erigida hacia 2600 a.C. en la necrópolis de Sakkara, permaneció intacta hasta que  Zacarías Goneim en 1951 encontró la cavidad para acceder a su interior. Allí se hallaron intactos los sellos de las puertas de acceso, mostrando que no había sido violada. Los arqueólogos esperaban hallar los restos del faraón en el gran sarcófago de alabastro de su sala principal. Por el contrario, su interior se encontró vacío y los análisis posteriores mostraron que nunca había estado ocupado por restos orgánicos.
  La Gran Pirámide es la última de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que perdura, calificada como el hito más sublime de la historia y construida por arquitectos que poseían un profundo conocimiento de los secretos del universo.
Dice Peter Tompkins que, a lo largo de los siglos se ha venido desarrollando una polémica entre los defensores de esta teoría y sus adversarios, habiendo a ambos lados eminentes científicos y académicos. Todos aseguran que tiene por lo menos cuatro mil años de antigüedad, pero nadie puede asegurar como se construyó, ni porqué, ni quienes fueron sus arquitectos y constructores.
Hasta hace poco tiempo, ni siquiera había prueba de que los antiguos egipcios fueran capaces de formular cálculos astronómicos y matemáticos tan precisos como los necesarios para llevar a cabo tan monumental tarea.
Se consideró casualidad su orientación prácticamente exacta hacia los puntos cardinales, que en su estructura se encuentre expresado el número P con una exactitud de varios decimales y que en la Cámara del Rey se aplicaran los triángulos sagrados  de relaciones 3:4:5 y la del teorema de Pitágoras. Se atribuyó a casualidad que los ángulos acreditasen un conocimiento avanzado de la trigonometría, y que en su estructura se encuentren las proporciones de la Sección Aurea.
Según muchos académicos modernos, en Egipto no se utilizó el número P sino hasta después del 1700 a. C., el teorema de Pitágoras recién a partir del siglo V a.C. y el desarrollo de la trigonometría se atribuye a Hiparco en el siglo II a. C.
Todas estas afirmaciones deben ahora ser revisadas. Los estudios recientes de los antiguos jeroglíficos y de las tabletas cuneiformes de babilonios y sumerios han revelado que existió una civilización avanzada en Oriente Medio más de tres mil años a. C. y que Pitágoras, Eratóstenes, Hiparco y otros griegos, a quienes se atribuye el origen de las matemáticas, no hicieron más que recoger fragmentos de una ciencia antigua desarrollada por dichas culturas.
De tal manera, la Gran Pirámide ha sido diseñada, como también muchos grandes templos de la antigüedad, en base a una geometría hermética, de la cual pasaron sólo vestigios al mundo helénico y alejandrino.
Todos los descubrimientos practicados permiten volver a analizar la Gran Pirámide con resultados revolucionarios.
A lo largo de más de mil años, científicos y exploradores han estado trabajando para lograr esclarecer los misterios de la Pirámide. Cada uno ha descubierto alguno de los aspectos válidos. Se ha demostrado que constituye un almanaque, con el cual puede medirse la duración del año, tan exactamente como un moderno telescopio. Se ha demostrado que es un teodolito virtualmente indestructible. Sigue siendo una brújula orientada con gran exactitud.
Es también un marcador geodésico cuidadosamente localizado, un hito a partir del cual se construyó la geografía del mundo antiguo. Sirvió también de observatorio celeste desde el cual  pudieron trazarse mapas del cielo y es un modelo a escala del hemisferio, en el cual se observan con toda exactitud los grados de latitud y longitud.
La Gran Pirámide se constituye así en una representación de un sistema antiguo y universal de pesos y medidas, modelo de uno de los conjuntos más precisos de mediciones temporales y espaciales que se hallan construido jamás.
Así también se ha demostrado la falsedad de la suposición comúnmente aceptada de que la Gran Pirámide fué una tumba más, construida para perpetuar la memoria de un faraón vanidoso.
Hoy ha sido demostrado que quienes fueron sus constructores conocían la circunferencia exacta de la Tierra y la duración del año con una precisión de varios decimales, datos que no se redescubrieron sino recién en el siglo XVII. Sus arquitectos debieron conocer la longitud media de la órbita de la Tierra en torno al Sol, su densidad específica, el ciclo de precesión de los equinoccios, la aceleración de la gravedad y la velocidad de la luz.
 
Las Pirámides de Giza y el Misterio de Orión
En 1989 el ingeniero Robert Bauval presentaba la teoría de la correlación de Orión, ampliada posteriormente con su libro El Misterio de Orión (1994) resultado de 10 años de investigaciones.
Su enunciado puede resumirse en que las tres grandes pirámides de Giza imitan la disposición de las tres estrellas centrales de la constelación de Orión: Zeta Orionis, Epsilon y Delta. La correlación entre pirámides y estrellas exige retroceder en el tiempo hasta la posición que ocupaban en el firmamento en el 10500 a.C., fecha en la que ambos esquemas eran uno espejo del otro. Bauval afirma que tal esquema se repite con las pirámides de Diodefru, Zahaw el Arani y Snefru, que se corresponden con otros puntos de la constelación de Orión, constituyéndose esta en una verdadera puerta de acceso estelar. Por otro lado, en la Gran Pirámide, los canales norte y sur de la cámara de la Reina apuntan a la Osa Menor y Sirio, mientras que los de la cámara del Rey apuntan a Zeta Orionis y la constelación del Dragón. También la ubicación de las pirámides al oeste del Nilo coincidiría con la situación de Orión al oeste de la Vía Láctea.
Esto coincide con la identificación egipcia entre Osiris y Orión y entre Isis y Sirio, corroborando el aforismo hermético de la correlación entre el Microcosmos y el Macrocosmos.
 
La Gran Pirámide como Templo Iniciático
El diseño interno de la pirámide mostraría el desarrollo interno del individuo. Según señalan varios autores la Gran Pirámide está relacionada íntimamente con los misterios egipcios, el saber secreto poseído por una jerarquía de iniciados, comunicado a quienes habían acreditado dignidad y mérito suficientes, luego de haber pasado severísimas pruebas.
La orden egipcia del templo implicaba un proceso gradual de admisión, durante el cual se enseñaba a los candidatos las diversas ciencias, incluyendo la geometría y las matemáticas, los grandes principios y leyes del cosmos y su relación con el hombre, utilizando la Gran Pirámide para la iniciación en los grados más altos.
Algunas de las ceremonias de los misterios han llegado de manera más o menos velada a través del ritual de diversas hermandades.
Dice William Kingsland que si la Pirámide fué construida por iniciados y para iniciados, con toda probabilidad se emplearon en su edificación algunas de las fuerzas más íntimas de la Naturaleza, que podrían explicar los enigmas de su construcción.
Afirma H. P. Blavatsky, en “La Doctrina Secreta” que la Pirámide no sólo indicaba las órbitas que seguían las estrellas en el firmamento, sino que constituía el testimonio imperecedero y el símbolo indestructible de los misterios e iniciaciones sobre la Tierra. En “Isis sin velo” señala que si bien la Pirámide simbolizaba el principio creador de la naturaleza, e ilustraba los principios de las matemáticas, de la astronomía y de la astrología, en su interior estaba el centro de los misterios de la iniciación, un templo en el cual los hombres se elevaban hasta los dioses, y los dioses descendían hasta los hombres. Se colocaba al neófito que pasaba por todas las pruebas en el cofre de la Cámara del Rey donde por tres días y tres noches se decía que su Yo Espiritual conversaba con los dioses y entraba al Amenti. Luego era transportado la noche anterior al tercer día a la entrada de una galería, donde a determinada hora los rayos del Sol naciente caían de lleno sobre el rostro del candidato, quien, al despertar, era iniciado por Osiris y por Thot, el Dios de la Sabiduría.
Gran parte de los antiguos filósofos y grandes maestros visitaron Egipto y se dice que recibieron su sabiduría de boca de sus iniciados. Entre ellos encontramos a Moisés, Pitágoras, Solón, Platón, Heráclito, Sófocles, Píndaro, Cicerón y Séneca entre otros.
W. Marshall Adams dice que la Pirámide representaba en forma monumental la doctrina que expone el Libro de los Muertos, en el que se contienen de manera alegórica y simbólica el saber secreto de los iniciados, las leyes que gobiernan el universo.
Ralston Skinner, autor de “La fuente de las medidas” señala que la Pirámide no era una tumba, sino un templo de iniciación, vinculándola a la Cábala como sistema de simbolismo alegórico entre iniciados.
Tons Brunés, en su obra “Los secretos de la antigua geometría” demuestra que la mayor parte de los grandes templos de la antigüedad fué diseñada a base de una geometría avanzada y hermética, solo conocida por los iniciados, algunos de cuyos fragmentos fueron incorporados a las obras de los griegos clásicos y alejandrinos. Los egipcios -dice- utilizaron el diseño básico de un círculo inscrito en un cuadrado para dividir geométricamente el círculo y el cuadrado en partes iguales de dos a diez, y en todos sus múltiplos posibles, sin más ayuda que una regla y un compás que junto con la Pirámide son emblemas de órdenes de ayer y hoy. El círculo era sagrado para ellos, lo mismo que el triángulo, el cuadrado y la cruz, figuras que se aplican a la Gran Pirámide de base cuadrada y lados triangulares, con el objeto de representar el círculo sagrado. De allí también obtuvieron las figuras básicas del pentágono, hexágono, octógono y decágono. Del pentágono se deducen la Sección Áurea y el Número de Oro de la forma geométrica más simple. Cada línea de la estrella de cinco puntas, símbolo del iniciado pitagórico, corta a la otra determinando una proporción áurea. Además, el lado de un pentágono inscripto en una circunferencia de diámetro igual al perímetro de la Pirámide, será igual al apotema de la Pirámide.
Brunés afirma que aunque siempre se ha dicho que Grecia es la cuna de las matemáticas,
Pitágoras, considerado su fundador, pasó veintidós años en Egipto sirviendo como sacerdote del templo, y sólo volvió a Grecia después de la invasión de los persas por Ciro en el 527 a. C., después de ser llevado a Babilonia. Ya, de regreso a Grecia, Pitágoras enseñó en base a lo aprendido en Egipto. Unos ochenta años después, Platón salió de Atenas después de la ejecución de Sócrates entrando en contacto con la sociedad pitagórica. Luego se trasladó a Egipto, donde también fué iniciado.
Platón gastó una buena parte de su fortuna adquiriendo escritos pitagóricos. Formuló la idea de que el cosmos estaba construido en base a los cinco sólidos regulares que pueden inscribirse en una esfera. Platón habría revelado en sus escritos, especialmente en el Timeo, las doctrinas secretas de los egipcios, que juró no revelar, expresándolas bajo un velo de mito y lenguaje hermético.
También Moisés, que fué sacerdote egipcio, conocía la antigua geometría, que transmitió herméticamente en sus instrucciones para la construcción del Tabernáculo. Dice Funk- Hellet que el arquitecto Hiram Abiff construyó por orden de Salomón el Templo de Jerusalén, en base a las medidas del codo real del cual se puede deducir el valor valor de el número P hasta la diez milésima parte. La Gran Pirámide es para él un gnomón o pilar geodésico, al que se aplican los valores del metro, el codo, el palmo y el dedo. El metro y el codo estaban determinados por mediciones geodésicas, obteniéndose el metro por medio de la observación de la altura medida al momento en que una luz desaparecía por el horizonte. A principios del siglo pasado, Herschel dedujo mediante este procedimiento que el radio de la Tierra era de 6793 km., en lugar del correcto de 6379 km.
Para Funk-Hellet los egipcios calculaban mejor. Dice que el apotema completo de la Pirámide, incluyendo el piramidión, es de 10.000 dedos de largo, o sea 1870 metros y el radio que de allí se deduce es de 3570 m. Los experimentos actuales muestran que una luz desaparece por el horizonte exactamente a 3570 m, estando el observador a 1m sobre el suelo.
             Schwaller de Lubicz reafirma en su obra El Templo en el Hombre la idea de que los egipcios conocían el metro. A todo lo largo del circuito amurallado de la III dinastía se encuentran tres líneas pintadas a una distancia exacta de un metro.
Dice José Alvarez López en su obra Física y Creacionismo, que un codo de 523 mm es exactamente la mitad de lo que llama metro absoluto, que según él es una unidad natural del sistema solar. Los planetas de nuestro sistema girarían en torno del Sol en órbitas situadas a distancias armónicas, múltiplos de dicha unidad.
Según lo señala, la Pirámide debió estar pintada con los colores del espectro, simbolizando la construcción del sistema solar.
La Pirámide, dice, representa un esquema decimal del sistema solar. La altura debió ser la millonésima parte de la distancia al Sol, y su base la diezmillonésima parte de la superficie de la Tierra.
También afirma que las dimensiones del cofre de granito de la Cámara del Rey son tales que forman un atlas astronómico perfecto: la medida interior es de un metro cúbico absoluto. Para él no hay sino una manera de construir un cofre que incluya no sólo la distancia de la Tierra al Sol sino el peso de la Tierra, el del Sol en relación con la Tierra y la Luna y el radio polar de la Tierra. La realización de estos cálculos constituyó una de las labores más arduas y dificultosas que haya realizado el hombre.
Como una presencia de otra dimensión la Gran Pirámide de Giza, llamada por los antiguos egipcios La Luz, ha presidido a través de incontables siglos sobre el antiguo territorio de Egipto. A través de las épocas los conquistadores han llegado y se han retirado, las civilizaciones se han elevado y han caído, mas allí, junto a las arenas que marcan el comienzo del desierto occidental la colosal Pirámide continúa apuntando majestuosamente a los cielos con suprema indiferencia.
Se ha dicho que el hombre teme al tiempo, más el tiempo mismo le teme a las pirámides.
Su Arquitecto constructor y la Gran Pirámide misma, aún hoy día siguen operando su magia.
 
La Gran Esfinge
La Gran Esfinge de Giza tiene cuerpo de león y cabeza de hombre, llevando el tocado real nemes. Si bien el antiguo término griego esfinge significaba estrangulador, se ha mencionado que el origen de la palabra sería la frase egipcia shesep ankh (imágen viviente), que era un epíteto aplicado a las esfinges.
El significado del simbolismo de la Esfinge es motivo de algunos debates, mas todos coinciden en que es un símbolo solar. Los Egipcios no reverenciaron al Sol visible como un dios. El Sol era el ojo de Ra; es decir el órgano de percepción de la divinidad y la manifestación física de la Causa Invisible. La Esfinge refleja en cierto sentido esa significación: el cuerpo de león simbolizando el poder y la fuerza de lo espiritual en su forma física; la cabeza de hombre simbolizando la inteligencia y la conciencia, la participación con lo divino. Como síntesis artística, la Esfinge es un trabajo de maestría consumada; tan perfecta es la fusión entre el león y el hombre que parece orgánica.
La Esfinge está excavada de un único montículo de roca viva de 73 m de largo y 20 m de altura. La cabeza, que tiene una textura diferente del cuerpo y muestra una erosión mucho menos severa, es un afloramiento natural de una piedra más dura.
Un relevamiento reciente ha evidenciado tres estratos separados de roca. La formación extremadamente dura de la cabeza no ha sufrido daños por la exposición natural. Los severos daños de la cara se deben a que la Esfinge fué utilizada como blanco por la artillería mameluca en el siglo XVIII. El grueso del cuerpo está formado por piedra caliza mucho más blanda. Esta parte está conformada por capas alternadamente blandas y duras, siendo esta la razón de su desgaste en forma corrugada, con entradas de hasta 60 cm. La base es de una piedra caliza más dura.
  Frente a la Esfinge podemos observar un templo en un estado ruinoso, es el Templo de la Esfinge, que sería supuestamente de la IV dinastía, hecho aparentemente de la misma piedra. Fué probablemente dedicado al culto de las tres formas del Sol: Khepri por la mañana, Ra al mediodía y Atum al atardecer. Durante el Reino Nuevo, la Esfinge fué identificada con Horemakhet (Harmackis, Horus en el horizonte), y un nuevo templo dedicado a él fué construido al norte del viejo edificio.
Curiosamente Herodoto, quién describió a las pirámides con tanto detalle, no la menciona; aunque cabe acotar que si no se la mantiene libre de arena, en apenas veinte años queda cubierto su cuerpo leonino, dejando la cabeza a nivel de la arena.
En muchas ocasiones a lo largo de la historia fué cubierta por las arenas y luego despejada, siendo la más conocida de dichas instancias la que se halla registrada en la “Estela del Sueño”, erigida justo frente a ella por Tutmosis IV (1401-1391 AC), describiendo la promesa hecha a él en un sueño de que si despejaba la arena que la cubría sería ungido rey.
En uno de los registros menos legibles de este texto, aparecía el nombre de Kefrén (Khafre) en jeroglífico. Mas el texto asociado a él era ilegible, habiendo desaparecido enteramente hoy día. Posteriores excavaciones del Templo del Valle, al sur y contiguo al templo de la Esfinge y a la misma Esfinge, mostraron una serie de estatuas de Kefrén incluyendo una en la forma de esfinge. Esto llevó a los estudiosos a atribuir la Esfinge y su templo a Kefrén, aún a costa de dejar de lado evidencia con respecto a la mayor antigüedad de la Esfinge .
Sin embargo, una deducción mucho más dramática respecto a la edad de la Esfinge ha sido formulada por Schwaller de Lubicz, basada en consideraciones geológicas. Si dichas observaciones pueden ser confirmadas, no solamente la edad de la Esfinge debería ser revisada sino toda la historia entera de la evolución de la civilización.
Para comprenderlas se hace necesario efectuar una disgresión. Los escritores griegos y romanos de la antigüedad, basando sus reseñas en informaciones recibidas de primera o segunda mano de fuentes egipcias, otorgaban una antigüedad mucho mayor a la civilización egipcia que la establecida por los egiptólogos. Estas fuentes egipcias mencionaban antigüedades del orden de los 24.000 a 36.000 años durante los cuales Egipto fué gobernado por los dioses mismos y por los Shemsu Hor, los compañeros o seguidores de Horus. Mas ante la falta de concreta apoyatura y evidencias los académicos terminaron por atribuir estas versiones a la fantasía y la leyenda.
Por lo menos uno de estos antiguos relatos puede ocultar un hecho cierto. Herodoto relata que los sacerdotes le informaron que el sol se puso dos veces donde actualmente se eleva, y que se elevó dos veces donde actualmente se pone. Esta aseveración es generalmente descartada como sin sentido. Sin embargo, como señala Schwaller de Lubicz ella puede hacer referencia a los ciclos precesionales, por lo que los sacerdotes egipcios referirían su historia a por lo menos un ciclo y medio, unos 39.000 años. Esto se halla de acuerdo con antiguos relatos y tablas cronológicas fragmentarias, sin que hubiera hasta ahora evidencia científica que lo soporte.
Schwaller de Lubicz observó que la severa erosión del cuerpo de la Esfinge no pude ser el resultado de la acción del viento y la arena, como generalmente se menciona, sino debida al efecto del agua. Si ello fuera posible deberíamos concluir que debió ser esculpida antes de que Egipto fuera cubierto por las aguas, lo que supondría aceptar que, de acuerdo a las teorías históricas aceptadas, es anterior a las civilizaciones conocidas, y que pertenece a una época en que el hombre se hallaba en el estadio rudimentario de vivir de la caza y la pesca.
 
En 1989, el egiptólogo John A. West se contactó con el Dr. Robert M. Schoch, un estratígrafo y paleontólogo de la Universidad de Boston, quien quedó intrigado por estos argumentos y evidencias, no queriendo arriesgar su opinión hasta no haber examinado el sitio personalmente. Ambos viajaron para efectuar un relevamiento no oficial. Si bien no pudieron conseguir permiso para entrar a la Esfinge para estudiar de cerca los detalles del desgaste, éste es tan considerable y claramente demarcado que Schoch se convenció que se debía a la acción del agua. Luego de una recorrida por la planicie de Giza, Schoch coincidió con los siguientes argumentos:
1)  Solamente la Esfinge, las paredes de la construcción que la circunda y otras estructuras relacionadas a ella arquitecturalmente o estilísticamente exhibían estas características marcas de desgaste por agua. Todo aquello otro que data del Egipto dinástico ha sido desgastado por el viento y la arena.
2)  Las estructuras que muestran el típico desgaste por viento y arena, que se hallan esparcidas por el área, fueron cortadas de las mismas capas de roca que la Esfinge misma, y por lo tanto no pueden datar del mismo período, como creen los egiptólogos.
3)  La Esfinge y los templos del Valle han debido ser construidos en dos etapas teniendo en cuenta los desgastados bloques de piedra caliza del núcleo ubicados detrás de los de granito.
Si bien provisionalmente satisfecho con la teoría, Schoch no la podía presentar al mundo geológico sin haber tenido acceso directo y oficialmente permitido a la Esfinge. Habiendo obtenido finalmente el permiso, el equipo de investigadores incluyó, aunque de manera no oficial, a dos geólogos adicionales, un oceanógrafo y a Thomas L. Dobecki, un geofísico acreditado. Entonces, ya dentro de la cubierta de la Esfinge se hizo claro que las causantes del profundo desgaste fueron las fuertes lluvias y no las crecientes ni las aguas surgentes, como en principio se suponía. Esto también explica la presencia de los mismos perfiles de desgaste en lugares tales como el Templo Mortuorio situados unos 30 m. más arriba, en un lugar donde ninguna crecida, por extraordinaria que fuera, podría llegar.
Los sismógrafos de Dobiecki mostraron perfiles de desgaste debajo de la superficie y más impresionante aún, revelaron varias cavidades subterráneas en el área inmediata a la Esfinge, en particular un gran espacio rectangular de unos 12 por 15 metros, a unos 5m de profundidad, entre las patas de la Esfinge. Esta cámara ha producido sorpresa en determinados círculos. El famoso psíquico norteamericano Edgar Cayce ha predicho estando en trance, que entre las patas de la Esfinge se encontraría la Sala de los Registros, conteniendo la historia del perdido continente de la Atlántida. Es innecesario remarcar que estas y otras lecturas inspiradas en trances han producido muy poca impresión en los círculos de los egiptólogos académicos. Mas los sismógrafos no operan en trance, y aquí han mostrado una evidencia que coincide con lo predicho por Cayce, al menos en parte. Qué es lo que contiene la cámara? Todavía no lo sabemos y el permiso para posteriores estudios todavía está en espera de ser concedido.
El hecho comprobado de que el desgaste se debe a la acción de fuertes lluvias sólo puede significar que la Esfinge es mucho más antigua de lo que se supone.
Extensos estudios paleontológicos coinciden en afirmar que Egipto se convirtió en desierto alrededor del 10.000 A.C.  Antes del 15.000 A.C. esta región así como el resto del norte de Africa fueron una fértil sabana. Coincidiendo con la irrupción de la última edad glacial, Egipto experimentó un largo período de fuertes lluvias. Cuando lo peor de dicho período tuvo fin alrededor del 10.000 A.C., Egipto se convirtió en desierto, y siguió siendo desierto desde entonces, si bien gozó de ciertos períodos de lluvias en los cuales algunas regiones que hoy son un árido desierto todavía eran verdes. Entre el 10.000 y el 4000A.C. Egipto fué aumentando su aridez llegando al final de dicho período a ser lo que es actualmente. En la zona de Giza la precipitación anual es de alrededor de unos 25 mm.  Bajo ninguna circunstancia puede esto producir el desgaste observado en la Esfinge. Tomando las estimaciones más conservadoras que permiten los datos combinados, Schoch estimó la talla de la Esfinge como mínimo en el 5000 al 7000 A.C.
Las culturas neolíticas conocidas de dicha época no han mostrado evidencias de disponer del tipo de tecnologías necesarias para la realización de la Esfinge y de los asombrosos templos que están frente a ella.
La noción de una civilización Atlante es ignorada y ridiculizada por los círculos académicos modernos. Sin embargo, si bien este desprecio puede silenciar y suprimir buena evidencia, nada hace en cuanto a su negación. Hay una creciente evidencia proveniente de distintos campos que soporta la antigua y extendida creencia de que ha existido esta hoy perdida alta civilización, doquiera pudiera estar ubicada. Dicha evidencia es también congruente con las antiguas afirmaciones respecto a que dicha civilización desapareció rápidamente bajo circunstancias catastróficas.
Sucesivas investigaciones llevadas a cabo por Schoch y John A. West, han dado nuevos apoyos a la teoría desde varios otros puntos de vista.
En Saqqara, a unos 16 km al sur de Giza, se encuentran las tumbas de barro de los primeros reyes del Egipto dinástico, hallándose estas en condiciones reconocibles y estables. Estas fueron erigidas alrededor del 3000 AC, unos quinientos años antes de que la Esfinge fuera supuestamente construida por Kefrén. Si como afirman algunos egiptólogos para preservar la datación actual de la Esfinge, hubieran caído suficientes lluvias para desgastarla a su actual condición inmediatamente después de su construcción, deberíamos concluir que las mismas lluvias debieran haber caído en Saqqara dada su inmediata cercanía. Dado que aún la piedra caliza más blanda es mucho más resistente que el barro, sería lógico concluir que dichas tumbas de barro debieran haberse disuelto bajo dichas condiciones. Sin embargo ellas están allí hoy día sin mostrar prácticamente signos de haber sido afectadas por el agua.
También se hizo necesario investigar la atribución de la Esfinge a Kefrén bajo una perspectiva diferente. Siempre fué un artículo de fé para los egiptólogos que la desgastada cara de la Esfinge representaría al faraón Kefrén, si bien al ojo desnudo no se encuentra semejanza entre ambos. En un artículo del National Geographic de 1989, el arqueólogo Mark Lehner describió sus intentos de reconstruir la dañada cara de la Esfinge mediante computadora. La cara reconstruida guardaba estrecha semejanza con la cara de una estatua de Kefrén.
Mas para lograr su reconstrucción, Lehner alimentó a su computadora con datos provenientes de una de las estatuas de Kefrén, la que en consecuencia, reprodujo la cara del faraón. Esta fué entonces superpuesta sobre la Esfinge “probando” de esta forma que la cara de la Esfinge fué la de Kefrén. Sin embargo dicho trabajo tuvo una amplia aceptación y fué difundido por la prensa.
Para hacer frente a estos resultados, West buscó ayuda de un experto en reconstrucción y comparación de rostros, el detective Frank Domingo, experto forense del Departamento de Policía de Nueva York. Domingo viajó a Egipto, y utilizando las prácticas normalizadas de la policía, reprodujo las caras de la Esfinge y de Kefrén y las comparó, llegando a la conclusión de que ambas son totalmente diferentes y nunca pueden haber representado a la misma persona. Dado que las otras evidencias utilizadas para atribuir la Esfinge a Kefrén son circunstanciales, quedó en claro que dicha atribución solamente puede persistir como artículo de fé y no puede ser considerada evidencia científica.
La controversia respecto de la Esfinge ha dado lugar a numerosos artículos, en especial en la revista norteamericana KMT dedicada especialmente al Antiguo Egipto. En el número de verano del '94 se publica un artículo del Dr . James Harrell, profesor y uno de los jefes del Departamento de Geología de la Universidad de Toledo, Ohio, cuestionando las afirmaciones de West. En el mismo número se publica la réplica de West donde rebate punto por punto los cuestionamientos de Harrell.
 
Recientemente, en un papiro hasta ahora desconocido, el arqueólogo Zahi Hawass, jefe de excavaciones en el Valle de los Reyes, descubrió un plano que muestra la existencia de un tunel que recorre el flanco interior izquierdo de la Esfinge. Estudios con sondas de resonancia magnética confirmaron que el túnel existía. Según sus afirmaciones, posiblemente el túnel nunca haya sido violado, ya que su entrada se encontraría intacta.
 
Según una versión que menciona P. Christian en su “Traité des Mystéres”, la Esfinge servía de entrada a las sagradas cámaras subterráneas en las cuales se llevaban a cabo las pruebas de iniciación. Esta entrada que hoy estaría obstruida por arena y escombros, habría estado cerrada por una puerta de bronce cuya apertura sólo podía ser operada por los magos. En el vientre de la Esfinge existirían galerías que llevan a las partes subterráneas de la Gran Pirámide. Estas galerías tendrían un trazado tan intrincado que al tratar de recorrerlas sin la debida guía inevitablemente hacían retornar al punto de partida.
La Esfinge está estrechamente ligada a la leyenda de Edipo, quién resolvió el enigma propuesto por la misteriosa criatura compuesta por el cuerpo de un león alado y la cabeza de una mujer, que aparecía en las encrucijadas del camino a Tebas (en Grecia). A cada viajero que pasaba le formulaba la pregunta: “Cuál es el animal que en la mañana camina en cuatro pies, al mediodía en dos y al atardecer en tres pies ?” Aquellos que no podían responder eran devorados por la Esfinge. Edipo contestó que era el hombre mismo quién en la infancia gateaba apoyado en sus manos y pies, en su juventud caminaba erguido en sus dos pies y que en su vejez lo hacía ayudado por un bastón. Al escuchar la solución al enigma se dice que la Esfinge se precipitó desde lo alto de una roca para así perecer.
Habría otra interpretación para dicho enigma, emparentada con una consideración pitagórica de los números. El 4, el 2 y el 3 suman 9 que es el número atribuido al hombre y también a los ciclos de tiempo. El 4 representa el hombre ignorante, el 2 el hombre intelectual y el 3 el hombre espiritual. La humanidad infantil camina en cuatro patas, la humanidad evolucionante en dos, y al poder de su propia mente agrega el iluminado el bastón de su sabiduría. La Esfinge es por lo tanto el misterio de la Naturaleza, la personificación de la Doctrina Secreta. Pasar la Esfinge es alcanzar la inmortalidad.
 

MARCOS LEWIN